




Bajo la consigna de que el feminismo no es una moda, sino una revolución en marcha, colectivos y ciudadanas se tomaron las calles de Amealco este 8 de marzo. La movilización, marcada por una profunda carga histórica y política, puso el foco en las deudas pendientes del Estado: la violencia feminicida, la impunidad institucional y la criminalización del aborto.
«Caminamos sobre una historia de rebeldía»
La jornada inició con un reconocimiento a las precursoras. Las manifestantes honraron a quienes «se atrevieron a hablar cuando el silencio era obligatorio», conectando las luchas del pasado con las urgencias del presente. En un estado donde «ser mujer sigue siendo un riesgo», el contingente recordó que la violencia no es un hecho aislado, sino una estructura sostenida por la omisión oficial.
«Marchamos porque la indiferencia institucional también es violencia», sentenciaron las voceras, haciendo énfasis en la falta de protocolos y voluntad política en los diversos municipios para atender a las víctimas.
Justicia para Perla y contra la impunidad
Uno de los momentos más álgidos de la protesta fue la exigencia de justicia para casos específicos que el sistema ha intentado relegar al olvido, como el de Perla en San Juan del Río. Las asistentes denunciaron que, mientras los agresores gozan de impunidad, las mujeres y las infancias quedan en la precariedad, señalando directamente a los deudores alimentarios y la falta de leyes efectivas que protejan a los hijos de madres que sostienen hogares solas.
Un pliego de reclamos claros:
- Autonomía Corporal: Se denunció la persistente criminalización del aborto en Querétaro. «Nuestros cuerpos no son territorio del Estado ni de la Iglesia», fue el clamor general al exigir el derecho a decidir.
- Inclusión Total: La movilización se definió como un feminismo transincluyente, que rechaza el odio y la discriminación, centrando la lucha contra las violencias y no contra las identidades.
- Presencia Territorial: La lucha no se limita a la capital; se informó sobre el trabajo activo en la Sierra Gorda, el semidesierto y las comunidades indígenas.
«La calle seguirá siendo nuestra»
A través de pancartas con mensajes como «Que el privilegio no te nuble la empatía» y «A mí no me enseñaron a quedarme callada», las mujeres dejaron claro que la organización ha logrado avances legales y precedentes jurídicos que no piensan soltar.
La movilización concluyó con una advertencia al sistema judicial y legislativo: mientras exista una niña sin justicia o una mujer violentada, la movilización será permanente. La «revolución» que mencionaron en sus discursos no solo busca reformas, sino una transformación cultural profunda en todo el territorio queretano.


