El Día Internacional de las Mujeres Indígenas, conmemorado cada 5 de septiembre, representa una oportunidad para mirar a Amealco desde una perspectiva que combine historia, demografía y realidad social. En este municipio, hablar de población indígena significa, principalmente, hablar del pueblo otomí y de comunidades donde las mujeres tienen un papel fundamental en la preservación cultural, la economía familiar y la vida comunitaria.

Un municipio con una profunda presencia indígena
Los datos disponibles muestran la relevancia demográfica de la población indígena en Amealco. De acuerdo con información basada en el Censo de Población y Vivienda 2020, el municipio tenía 66 mil 841 habitantes, de los cuales 34 mil 606 eran mujeres, equivalentes al 51.8 % de la población total.
Las cifras sobre población indígena pueden variar según el indicador utilizado. Mientras que alrededor de 8 mil 400 personas de tres años y más hablaban alguna lengua indígena, una estimación institucional basada en hogares y población indígena ubicó en 21 mil 72 personas, aproximadamente el 31.5 % de la población municipal, a quienes pertenecían a la población indígena. La diferencia evidencia algo importante: ser indígena no depende únicamente de hablar una lengua, sino también de la autoidentificación, los vínculos familiares, comunitarios y culturales.
El otomí es, con enorme diferencia, la principal lengua indígena del municipio. Los registros disponibles identifican 8 mil 316 hablantes de otomí, además de una presencia mucho menor de otras lenguas.
Mujeres: mucho más que la imagen de la muñeca
Una de las principales riquezas culturales de Amealco está representada por sus comunidades otomíes. Sin embargo, desde una perspectiva sociológica, reducir el papel de las mujeres indígenas exclusivamente a la elaboración de artesanías sería una visión incompleta.
Las mujeres participan en múltiples espacios de la vida cotidiana: la transmisión de la lengua, el cuidado y la reproducción de conocimientos comunitarios, la educación de las nuevas generaciones, el trabajo agrícola, la economía familiar, la organización social y la producción artesanal.
La artesanía ocupa un lugar especialmente visible. La elaboración de muñecas y otros productos textiles ha permitido que conocimientos transmitidos entre generaciones se conviertan también en una fuente de ingresos y de reconocimiento cultural. Pero detrás de cada pieza existe una red más amplia de conocimientos, relaciones familiares y prácticas comunitarias.
Una investigación académica sobre mujeres otomíes y sistemas de herencia, que incluye el caso de Amealco, permite observar precisamente cómo las mujeres participan activamente en las dinámicas familiares y comunitarias y cómo las normas tradicionales y el marco jurídico formal pueden encontrarse y negociarse en su vida cotidiana.
La lengua como patrimonio vivo
La presencia otomí en Amealco no es homogénea. La investigación especializada ha documentado variantes lingüísticas y formas particulares de nombrar la lengua y la identidad en distintas comunidades, entre ellas las asociadas con Santiago Mexquititlán y San Ildefonso Tultepec.
Aquí las mujeres tienen un papel decisivo: la transmisión lingüística ocurre, en gran medida, dentro de los hogares y las redes familiares. Por ello, la pérdida o fortalecimiento de una lengua no puede analizarse únicamente desde las aulas; también depende de las condiciones sociales que permiten que las nuevas generaciones la hablen, la escuchen y la reconozcan como parte de su identidad.
Comunidades, territorio e identidad
La presencia indígena en Amealco se concentra históricamente en numerosas localidades de la región sur del municipio. Documentos institucionales han identificado comunidades como San Ildefonso Tultepec, Santiago Mexquititlán, San Miguel Tlaxcaltepec, San José Ithó, El Bothe, Chitejé de Garabato y Mesillas, entre otras, como parte de esta región de fuerte presencia otomí.
El territorio, por tanto, no es solamente un espacio geográfico. Para las comunidades indígenas representa una red de relaciones sociales, memoria, producción, pertenencia e identidad.
Desde esta perspectiva, hablar de las mujeres indígenas de Amealco también implica hablar de su relación con la comunidad y el territorio: quiénes preservan saberes, quiénes los transmiten, quiénes generan ingresos, quiénes participan en la toma de decisiones y qué obstáculos enfrentan para ejercer plenamente sus derechos.
Una realidad marcada también por desigualdades
Reconocer la riqueza cultural no debe ocultar las desigualdades que persisten. Históricamente, diversas comunidades indígenas de la región han enfrentado condiciones de marginación y rezago en aspectos relacionados con infraestructura, educación, acceso a servicios y oportunidades económicas.
En el caso de las mujeres, estas condiciones pueden intersectarse con desigualdades de género, lengua, ubicación territorial y condición socioeconómica.
Por ello, la discusión contemporánea sobre los pueblos indígenas ha comenzado a colocar en el centro conceptos como autonomía, participación comunitaria y reconocimiento de derechos. En agosto de 2025, por ejemplo, el INPI informó sobre la asignación de recursos directos a comunidades indígenas y afromexicanas de Querétaro, en un proceso que reconoce una mayor participación de los pueblos en las decisiones relacionadas con sus propios recursos e infraestructura.
Mujeres indígenas: preservar, transformar y decidir
El Día Internacional de las Mujeres Indígenas puede ser una fecha para reconocer a las mujeres otomíes de Amealco no únicamente como portadoras de una tradición que debe conservarse.
También son artesanas, hablantes y transmisoras de una lengua, trabajadoras, madres, estudiantes, profesionistas, autoridades comunitarias y protagonistas de los cambios que viven sus comunidades.
La historia de Amealco no puede entenderse sin la presencia del pueblo otomí. Y dentro de esa historia, las mujeres han ocupado y continúan ocupando un lugar esencial.
Reconocerlas significa mirar más allá de los símbolos.
Significa entender que la identidad indígena no pertenece solamente al pasado: se habla, se trabaja, se enseña, se defiende y se transforma todos los días.
