Durante estos días de julio, los bosques húmedos de El Aserrín se han convertido en un tapiz vivo de colores gracias a la proliferación de diversas especies de hongos. Vecinos y visitantes que recorren los senderos han documentado decenas de ejemplares con sombreros rojos intensos, naranjas vibrantes, amarillos y marrones, capturando la atención de locales y amantes de la naturaleza.
Según observaciones compartidas, la mayoría pertenecen al género Russula —conocidas popularmente como rusulas o setas quebradizas—, caracterizadas por su textura frágil, láminas blancas o crema y una gran variedad cromática. Entre ellas destacan ejemplares rojos similares a la Russula emetica, comúnmente llamada “vomitera”, junto a boletes marrones y otras variedades que emergen entre la hojarasca de pinos y el musgo.


























Esta aparición no es casual: las condiciones de humedad y temperatura de mediados de verano favorecen el desarrollo de estos organismos micorrícicos, que juegan un rol ecológico clave al asociarse con las raíces de los árboles del bosque.
Importante: precaución ante la belleza
Expertos y conocedores locales recuerdan que, aunque algunos hongos silvestres son comestibles, la identificación precisa requiere experiencia. Muchas rusulas rojas resultan tóxicas y provocan malestares digestivos. Se recomienda no consumirlos sin la asesoría de micólogos o recolectores tradicionales certificados, y optar por admirarlos en su entorno natural o participar en talleres guiados de recolección responsable que se organizan en la región.
El Aserrín, conocido por sus rutas de senderismo y su biodiversidad, se consolida así como un punto de interés por este espectáculo fugaz de la naturaleza.
Los habitantes de Amealco, Pueblo Mágico, aprovechan estas temporadas para promover el turismo ecológico consciente y el respeto al patrimonio natural.


