Hace 40 años, durante la Copa Mundial de México 1986, el estado de Querétaro se convirtió en un epicentro discreto pero decisivo del fútbol mundial. Mientras el Estadio Corregidora vibraba con partidos de primer nivel, a menos de una hora de distancia, en las tranquilas tierras rumbo a Amealco y San Juan del Río, la Selección de Alemania Federal encontró su refugio ideal.
La Hacienda Galindo, una joya virreinal del siglo XVI convertida en hotel de lujo (hoy Fiesta Americana Hacienda Galindo Resort & Spa), alojó al equipo dirigido por el joven Franz Beckenbauer. Lejos del bullicio de la Ciudad de México, los germanos buscaron en la serenidad queretana la concentración necesaria para llegar lejos en el torneo.

De la polémica a la final
La convivencia no fue sencilla. Los jugadores compartían espacios muy cercanos con la prensa, lo que generó una atmósfera “explosiva”. Hubo salidas nocturnas, incidentes disciplinarios y hasta la expulsión del portero Uli Stein. Sin embargo, ante la adversidad, el grupo se unió.
Con figuras como Karl-Heinz Rummenigge (quien arrastró lesiones), Lothar Matthäus, Klaus Augenthaler y Rudi Völler, Alemania avanzó con solidez. En octavos de final, un gol de falta de Matthäus ante Marruecos abrió el camino. En cuartos, en Monterrey, eliminó a la selección mexicana en penales, clausurando la mejor participación histórica de México en un Mundial (sexto lugar) e inaugurando la llamada “maldición del quinto partido”.
El equipo teutón continuó su marcha: venció a Francia en semifinales y llegó a la gran final del Estadio Azteca ante Argentina. El 29 de junio de 1986, Argentina ganaba 2-0, pero Alemania empató en seis minutos con goles de Rummenigge y Völler. Maradona, con un pase mágico, habilitó a Burruchaga para el 3-2 definitivo. Alemania terminó subcampeona del mundo.
Un legado que trasciende el balón
El paso de la Mannschaft dejó una huella permanente en Querétaro. La Hacienda Galindo, con su arquitectura colonial intacta, capilla de 1645 y jardines, se convirtió en un atractivo turístico ligado para siempre al Mundial. Miles de visitantes llegan atraídos no solo por su historia virreinal —que incluye episodios de la Independencia, la Reforma y la Revolución—, sino por haber sido el campamento de Beckenbauer y compañía.
Más allá del turismo, el vínculo se materializó en una relación solidaria duradera. Durante su estancia, los alemanes visitaron la Casa Cuna Oasis del Niño en el centro histórico de Querétaro, una institución fundada en 1944 que atiende a niños en situación vulnerable. El impacto fue tan profundo que la Federación Alemana de Fútbol mantiene un apoyo económico constante desde entonces, reforzado con visitas posteriores, como la del equipo Sub-17 en 2011 y la de Rudi Völler en 2022, quien entregó un donativo de 10 mil euros.
Hoy, mientras la Casa Cuna celebra sus 80 años y se recupera de los efectos de la pandemia, los colores de la bandera alemana siguen presentes en sus instalaciones como símbolo de gratitud y solidaridad.
La fiebre mundialista de 1986 demostró que el fútbol va más allá de los 90 minutos. En Querétaro quedó grabada una página dorada donde una hacienda colonial, un equipo de élite y una comunidad local tejieron una historia que, cuatro décadas después, aún genera orgullo y continúa sumando.


